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Anatomies del desarrelament. Dibuixos de Josep Madaula a la Fundació Bosch i Cardellach

El árbol trasciende su jerarquía vegetal y se instala, a menudo, en la categoría del símbolo. El árbol de la ciencia. El árbol de la vida. El árbol genealógico. El árbol en el que anida el pájaro o el que acoge al suicida. El buen árbol que nos asombra y el de tal palo tal astilla. El árbol del paraíso. El árbol del que esperábamos el fruto imposible…
Pero, a veces, el árbol es un árbol caído; como un ángel mortal. Y entonces el pintor comprende que no hay que vestirlo de significaciones alegóricas porque la sola contemplación de la discordia dicta el trazo del carboncillo. ¿Qué ejemplo mayor de épica involuntaria que la del árbol que permanece malherido en medio de la derrota incontestable? ¿Qué otras razones, o interpretaciones, pueden encumbrar la imagen de unas raíces arrancadas como vísceras a un nivel mayor de lo que son? A la conmoción del ojo, Madaula imprime el ojo reflexivo, la mirada de un pulso que busca la cordura ante un viento que desplegó su demencia. Porque ante el desastre, la aniquilación, el desgarro y la amputación de poco vale solo el impulso , el habla atropellada.
El artista nos ofrece la crónica de un suceso atroz pero desde el trazo del que debe sobreponerse para testimoniarlo más allá del incidente. Cuando contemplamos los dibujos no podemos evitar la sensación de estar ante el cuaderno de un “naturalista de la pérdida”, el retratista del paisaje que se nos arrancó, también, de la biografía.

Esteban Martínez

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